BENEFICIOS PSICOSOCIALES DE LA MEDIACIÓN ENTRE ADOLESCENTES (I)

El interés científico por la etapa de la adolescencia es algo relativamente reciente. Se trata de un periodo del desarrollo vital que, bien por sus dificultades, o bien por su reciente conceptualización, ha despertado intereses tardíos y muy contradictorios entre científicos e investigadores de diversos campos.

Pero no sólo la investigación ha tardado en prestar atención a la adolescencia; la sociedad en su conjunto, al menos en nuestra cultura occidental, se ha encontrado en pocas décadas con una realidad evolutiva desconcertante, que cambia y se transforma con el devenir de los tiempos, y que para muchos supone un amasijo de dificultades y desequilibrios imposible de abordar.

Sin embargo, muchos investigadores y profesionales, sobre todo relacionados con las ciencias sociales, han descubierto lo apasionante de esta etapa y han dirigido sus esfuerzos a investigarla, conocerla y comprenderla. Gracias a todos ellos, poco a poco nos vamos dando cuenta de que los adolescentes no son individuos extraños, conflictivos y emocionalmente inestables a los que los adultos nunca podremos comprender ni ayudar; sino que la adolescencia es una etapa llena de posibilidades, donde la persona desarrolla la mayoría de las capacidades emocionales y sociales que le van a acompañar durante el resto de su vida. Precisamente por esto debemos prestarle toda la atención que podamos, desde una visión abierta y comprensiva, y sin hacer juicios previos que nos posicionen ante el adolescente como un ente aislado del mundo, socialmente conflictivo y emocionalmente incomprensible.

La adolescencia, además, es posiblemente la etapa donde más se hace presente la idea de que el individuo es un agente activo en su desarrollo, sin olvidar que este desarrollo se deriva de la interacción entre diversas causas. Esta participación activa en su propio desarrollo hace que la “tarea” de ser adolescente no sea tan sencilla como a veces podemos imaginar.

En palabras de Ortiz, “el adolescente debe asumir su nueva imagen corporal, desarrollar las diferentes dimensiones de su identidad, aceptar, experimentar y regular su sexualidad, aprender a utilizar con flexibilidad sus nuevas capacidades cognitivas, afrontar la presión de los compañeros y la presión escolar. (…) debe lograr la autonomía en el marco familiar manteniendo los lazos con las figuras de apego a través de un delicado balance, de forma que esta conquista no supere los límites a partir de los cuales pueda caer en la soledad, la cólera o la culpa; y, finalmente, es tiempo de los primeros enamoramientos y, por la misma razón, de los primeros traumas producidos por los desaires y rupturas.” (Ortiz, 2000).

Además, prácticamente en todos los aspectos de la vida cotidiana del adolescente está presente el conflicto interpersonal. El individuo mantiene interacciones sociales de distinta intensidad en contextos muy variados: la escuela, el barrio, la familia, las redes sociales, el grupo de amigos, etc. Esto facilita la aparición de un mayor número de conflictos que el adolescente debe afrontar de la manera que mejor sepa, o que le parezca más adecuada. Como indican Laursen y Pursell (2009) los conflictos crónicos y mal resueltos en la adolescencia son una amenaza para las relaciones con los iguales y para los recursos emocionales que proporcionan.

Surge entonces una necesidad evidente de que los adolescentes desarrollen formas positivas de gestionar los conflictos de forma que se reduzcan las tensiones sin perder la relación (Buhrmester, 1996). Pero no sólo eso, sino que además, es una oportunidad inigualable para que a través de estas formas positivas de afrontar los conflictos se potencien todas esas habilidades y capacidades psicosociales que surgen y evolucionan durante la adolescencia, facilitando un desarrollo completo y positivo del individuo.

Se trata, por tanto, de un tema muy presente en la vida del adolescente, y que ha sido poco abordado desde puntos de vista teóricos, posiblemente por la dificultad que conlleva estudiar esta etapa tan cambiante y tan mediada por el contexto social en el que se desarrolle. (Continúa)

 

Alejandro Cobos Benito. Psicólogo. Master en Mediación

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