BENEFICIOS PSICOSOCIALES DE LA MEDIACIÓN ENTRE ADOLESCENTES (y III)

(…) ¿QUÉ PUEDE APORTAR LA MEDIACIÓN? (…)

6. Desarrolla autorregulación y autocontrol

Durante los procesos de mediación se hace presente la necesidad de expresar y manejar adecuadamente las emociones, intereses y necesidades; principalmente de cara a que el proceso comunicativo fluya adecuadamente, y las tensiones se vayan reduciendo a medida que avanza.

Aprender a controlar y regular las expresiones emocionales –lo que llamamos autocontrol y autorregulación- es fundamental de cara al desarrollo psicosocial de un adolescente. Las carencias en este tipo de habilidades repercuten sobre la forma de comunicarse y relacionarse del individuo, generando estilos mucho menos asertivos, así como respuestas más incontroladas ante situaciones emocionales.

La mediación, por tanto, aporta un “campo de entrenamiento” en este tipo de habilidades, que a su vez favorecen un desarrollo emocional completo, ya que aportan las herramientas necesarias para que el adolescente se enfrente a situaciones sociales novedosas e imprevisibles.

7. Favorece la autoestima positiva

Según Harter (1990) es el contacto con los compañeros de clase lo que más influye en la autoestima de los adolescentes. La relación con esos compañeros, las interacciones positivas o negativas, y la forma de vivir y afrontar los conflictos en la escuela son, por tanto, componentes fundamentales del desarrollo de la autoestima.

Los procesos de mediación que se llevan a cabo dentro de los planes de convivencia de los centros de educación secundaria pueden suponer una herramienta muy importante para favorecer un desarrollo positivo de la autoestima.

El adolescente que experimente un proceso de resolución de conflictos basado en el diálogo, el reconocimiento mutuo y el consenso verá reforzada su autoestima al comprobar que se tienen en cuenta sus emociones, sus intereses, sus necesidades y sus capacidades.

8. Aporta responsabilidad y autonomía

La mediación favorece el desarrollo de la autonomía al situar la responsabilidad de afrontar y gestionar el conflicto en el propio adolescente, dejando en un segundo plano la figura de autoridad (padre, profesor, juez…) que tradicionalmente resuelve los conflictos entre niños y jóvenes.

A medida que el adolescente participa en procesos de mediación y adquiere habilidades relacionadas con esta, va adquiriendo mayor autonomía a la hora de hacer frente a los conflictos. Es decir, que cada vez se sentirá más protagonista, y por tanto más responsable, del afrontamiento de los conflictos que surgen en su vida.

Todo esto forma parte del desarrollo psicosocial necesario para afrontar más adelante la vida adulta de una forma responsable y positiva.

9. Se fundamenta en valores de equidad, justicia y cooperación

Durante la adolescencia, sobre todo en los primeros años, se desarrollan especialmente conceptos morales, y lo hacen en función de cómo las experiencias generan juicios sobre las relaciones, las reglas o la autoridad (Kohlberg, 1958).

Por tanto, si promovemos que los adolescentes participen en procesos donde se generan juicios positivos e inductivos sobre las normas, las relaciones con otros, y los valores de justicia y equidad, desarrollaran esos aspectos de una manera positiva y encaminada a la madurez moral.

En la mediación, los principios de equidad y justicia se hacen presentes durante todo el proceso y en todas las herramientas que se utilizan. En todo momento se requiere un equilibrio entre las partes, una igualdad en el proceso de comunicación, y se promueve que se llegue a acuerdos justos en relación con las necesidades de los participantes.

Este concepto de justicia, diferente de la justicia salomónica de buscar el punto medio, es el que se defiende desde la mediación, y es un concepto mucho más positivo de cara a afrontar los conflictos de la vida cotidiana de los adolescentes.

Por otra parte, en la mediación, la cooperación es el verdadero motor del acuerdo, y no hay posibilidad de avance si no se da cierto nivel de cooperación entre las partes.

Esta forma cooperativa de afrontar la gestión de los conflictos repercute positivamente en varios aspectos fundamentales del desarrollo del adolescente.

Favorece las relaciones con los iguales, aumenta la autoestima y la autonomía, responsabiliza al individuo de sus decisiones y genera espacios de convivencia, entre otros.

10. Potencia el desarrollo de habilidades emocionales

La mediación, como proceso, como conjunto de habilidades y como actitud ante el conflicto, potencia de manera transversal algunas habilidades emocionales como la apertura mental, la comprensión, la empatía y la expresión emocional. De manera especial, durante el proceso de mediación se ponen en marcha procesos de comunicación emocional que fomentan el aprendizaje de formas positivas de expresión de las emociones.

En el caso de los adolescentes, hemos comprobado que se encuentran en una etapa de gran desarrollo emocional, y que toda experiencia relacionada con las emociones repercute en ese desarrollo.

Todas las competencias emocionales que señalábamos en la primera parte de este trabajo –conciencia emocional, regulación y control, empatía- se desarrollan y forman parte de las habilidades necesarias en la mediación.

Las experiencias de gestión del conflicto, que normalmente traen consigo fuertes implicaciones emocionales, son una oportunidad inigualable para desarrollar habilidades emocionales durante la adolescencia; y este desarrollo será mucho más enriquecedor y positivo si se practica una gestión positiva del conflicto, como es la mediación.

Alejandro Cobos Benito. Psicólogo. Master en Mediación

 

 

 

 

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