“Hay que unirse, no para estar juntos, sino para hacer algo juntos”. Donoso Cortés
Decía San Agustín “Casarse está bien. No casarse está mejor”, entiendo que eso deben pensar todos los que han pasado, están pasando o piensan pasar por un Proceso de Separación o Divorcio, y la verdad es que sin querer entrar en casos concretos, en algunos de ellos hubiera sido mucho mejor no casarse.
No quiero escribir este artículo como profesional del derecho, especialista en Derecho de Familia desde hace diez años, ni pretender ser psicólogo o asesor matrimonial, pero si me gustaría con este artículo hacer un análisis de lo que realmente, según mi experiencia, produce un Proceso de Divorcio y que nos lleve a una reflexión de lo que debería ser.
Siempre hemos oído que un Divorcio es un proceso en el que hay vencedores y vencidos, normalmente nos llega que el hombre siempre es el perdedor y la mujer la vencedora, cuantas veces nos han contado tras el divorcio de un conocido o desconocido: “La mujer se quedó con todo, la casa, el coche, el dinero…y los niños”. A menudo encuentro a LOS NIÑOS en último lugar de esa relación. De hecho, hasta hace muy poco tiempo, el “vencedor” sólo se consideraba como tal si se quedaba con la casa, el coche, sino tenía que pasar la pensión, sino tenía que hacerse cargo de la hipoteca…pero pocas veces si se quedaba con la guarda y custodia de los hijos…que a mi humilde entender, y en mi condición de padre, es el mayor tesoro que poseen los padres.
Considero que esto venía siendo así porque por defecto se creía que los hijos pertenecían a la madre y que por tanto a su cuidado debían quedar. Como decía más arriba, en los últimos tiempos, esto ha ido cambiando y los padres, cada vez más, reclaman compartir o ejercer en solitario la guarda y custodia de sus hijos junto con las madres.
Sin embargo, a la vista de mi experiencia, he podido observar que con el Proceso de Divorcio, en la mayor parte de los casos, el cariño y el amor hacia los hijos, se aparca, y a menudo, quizás en demasiados casos, se utilizan como moneda de cambio, cuando no como “arma arrojadiza” para hacer daño a la otra parte. En un proceso de divorcio, los cónyuges en todo caso quieren ser vencedores, bien por despecho, bien por desamor, bien por cuestiones económicas…pero en todo caso no basta con el que el otro quede vencido, a menudo hay que humillarlo, degradarlo, anularlo y si para ello hay que utilizar a los hijos…¿por qué no?. Y todo esto que os cuento, aunque sorprenda, poco tiene que ver con el nivel social, cultural o económico de los progenitores, en esta “guerra” en que convierten su separación no se hacen prisioneros.
En un matrimonio con hijos, a menudo menores de edad, que opta por el proceso de divorcio, sorprende que durante el mismo, y a pesar de que nos consta que quieren a sus hijos, se anula, se suspende ese amor y sólo piensan en hacerse daño, se olvidan de las mayores víctimas de un proceso de Divorcio que son los niños, los hijos.
Si los padres fueran capaces de salir de la armadura en la que se encierran durante un Divorcio, podrían ver que ellos no son los vencedores, ni los vencidos, que en todo caso, AMBOS, son los Perdidos de toda la historia, los que deciden romper con todo lo que han creado y construido durante los últimos años, y los que sentimentalmente quedan huérfanos y náufragos. En muchos casos, os soy sincero, produce verdadero vértigo ser Abogado matrimonialista porque puedes ver y sentir como se rompen familias y como se desmontan vidas folio a folio en el plazo de un mes, y es cierto que tú no eres el responsable pero no puedes evitar sentirte parte del desastre.
Pero en todo caso, hay algo que se da en TODOS LOS DIVORCIOS donde hay hijos, menores o mayores, y es que estos, sin dudarlo, son los principales PERDEDORES de todo esto, las verdaderas víctimas, porque ellos si que no han podido evitarlo, ellos no han tomado la decisión, ellos no decidieron convertirse en herramientas para hacer daño al otro, otro que es su madre o su padre.
Alguno de Vds. ha pensado alguna vez que se debe sentir con doce años, cuando un desconocido (juez, fiscal o equipo psicosocial), que no te conocen de nada, a los que no has visto en tu vida, te pregunten ¿a quien quieres más a mamá o a papá?, ¿con quien quieres vivir?…El nivel de “presión moral” al que son sometidos por sus padres y por los adultos, es algo que muy pocos adultos soportarían en sus relaciones habituales. Creo que esto es suficiente para pensar que en un Proceso de Divorcio no hay vencedores ni vencidos como habitualmente se dice, sino que realmente hay PERDEDORES Y PERDIDOS.
A menudo los que están inmersos en un Divorcio hacen suya una frase de Neruda que decía “para que nada nos separe que nada nos una”, a priori parece la mejor forma de romper con todo y empezar de nuevo, pero creo que esto resulta imposible si hay hijos, en este caso es necesario empezar a reconstruir a partir de ellos para que no sigan siendo siempre los PERDEDORES de nuestras historias.
Alfonso Cintero Ramiro. Letrado Responsable Dpto. Derecho de Familia de AREA ABOGADOS.