Lo que nunca debió dejar de ser: una profesión de expertos respetados y reconocidos, prestigiosos y prestigiados, amparados en sólidos y radicales principios éticos y de servicio; celosa de su identidad y respetuosa con los suyos; altamente preparada y considerada y protegida por el propio sistema judicial como cooperante valioso y fiable. Una profesión de soluciones y no sólo de respuestas, esto es, sin ser presa de la práctica actual de la Justicia donde las resoluciones responden sin resolver y donde el tiempo del proceso y la letra judicial cavan una honda fosa de insatisfacción incluso para el presunto beneficiado. Una profesión con identidad inequívoca y no con esa variante de formas y valores, criterios y estilos que llega a recoger desempeños profesionales lesivos para la propia profesión.
No consiste la abogacía en burlar con habilidad la ley sino en argumentarla y defenderala con audacia y talento con un cuidado sentido de lo justo y la justicia. No puede valer todo, no puede valer que el compañero sea “lobo” para el compañero. La abogacía está llamada al servicio y debe servir y para ello su mirada debe viajar del libro al rostro y del rostro al libro y a la ley pero terminar siempre en el rostro. Es una profesión de clientes y personas antes que de juicios y de sentencias, porque si estos no sirven al cliente, no son el camino ni son la solución que servir.
Y para que esto ocurra debe transformarse el sistema de formación y de preparación de letrados, y hemos de afrontar una catarsis de nuestras corporaciones representativas…pero esto último difícilmente llegará sin lo primero porque seguimos generando profesionales que encajan en el sistema más que profesionales inquietos para cuestionarlo y mejorarlo. Y también el sistema debe implicar y tratar a la abogacía y darle protagonismo para que la propia abogacía asuma sus responsabilidades y sea protagonista del cambio con su propio cambio. La soberanía popular que emana del poder legislativo es el instrumento para diseñar la abogacía que quiere y necesita y la abogacía ha de estar presta y atenta a esa nueva encomienda de forma y de fondo que la s
sociedad viene planteando.
- Lo que es y debe cuidar: su sensibilidad social, su vocación de servir, su curiosidad para el estudio, su disposición para el esfuerzo, su honestidad y rigor; su sentido del deber y del cumplimiento, su compromiso con el cliente y su fidelidad a sus intereses y situaciones; su participación en las preocupaciones de la sociedad y su aportación de valor; su condición de garante de los procesos y su validación de los mismos desde su propia intervención y aplicación; una profesión de personas para personas y por tanto susceptible de mil matices e interacciones.Y esto exige un autoexamen constructivo de aquello que somos, de lo que hacemos y una continua revisión de la percepción que generamos y la imagen que proyectamos; cultivando lo positivo y mejorando lo negativo.
- Lo que puede llegar a ser: que está todavía por escribir pero cuyo primer paso es el “sí”, es decir, la mejor disposición a la innovación, a la transformación, a lo desconocido y a lo nuevo. Lo nuevo es oportunidad para que lo antiguo viva más y mejor, no su amenaza. El “no” es la llave que cierra la puerta del futuro porque un mundo que cambia es una fuerza imparable que arrasa antes o después al que se esconde tras esa puerta. Y podemos dejar que otros vayan escribiendo qué y cómo debemos ser y hacer o protagonizar la historia de nuestra profesión y su recorrido. El futuro comienza en el “sí” de hoy a los métodos alternativos de resolución de conflictos como parte de nuestra manera de trabajar; a considerar los juzgados como un medio y no como un fin; a asumir que estamos exigidos por la lealtar en todas las direcciones: con la ley, con los clientes, con la justicia y con los compañeros. El futuro pasa por el “sí” a la tecnología y que lo jurídico no sólo está para regular la innovación sino para ser innovador también, y para tener su propia innovación e integrarla e integrarse en ella.El universo on line es infinito y ya no basta con llegar y estar, también hay que servir allí y desde allí. Y ningún avance o progreso puede ser el enemigo, sino que es la oportunidad, el horizonte. El “sí” se extiende a nuevas formas y conceptos (compliance programm, controller…), a la abogacía colaborativa y preventiva; y también a nuevos tipos de cliente, a usuarios y consumidores; y a nuevos modelos y tipos de servicio. La abogacía tiene un componente de confianza inequívocamente humano, pero hay apartados de la asesoraía legal más automatizables, más mecánicos… La sociedad cada vez opera más en el mundo virtual y a traves de relaciones remotas, digitales y a distancia… ¿cómo estamos respondiendo?, ¿cómo vamos a responder?… El I+D para la abogacía, como para todos, debe ser mucho más que leyes y normas, para ser misión y visión.¿Podrá un robot ser abogado?...precisamente nosotros somos expertos en buscar argumenos para las dos posiciones; pero hay una posición que no admite argumento en contra: tenemos que pensar en ello, adelantarnos, estar, participar… porque puede que no llegue …pero si llega yo quiero tener que ver con ese robot.
Ángel Luis Gómez Díaz. Socio–Fundador y Director General de la Firma ÁREA, ABOGADOS Y ASESORES